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La salud de todo el cuerpo se juega durante el sueño

No solo para tener el cerebro despierto y atento sirve pegar los ojos el tiempo suficiente, siete a ocho horas como promedio. También para mantenerse bien en el peso, la presión arterial controlada, el colesterol bajo y la memoria en forma.

Existe un 1% de la población que es la envidia de muchos. No necesitan más de seis horas de sueño diario para funcionar impecable durante el día, sin somnolencia, concentrados, atentos y siempre listos. El otro 99% tiene que dormir de siete a ocho horas diarias, como promedio, para andar igual de despiertos que ese suertudo uno por ciento.

Y no sólo por eso, sino que también porque varias funciones que son claves para una vida sana se desencadenan durante el período de descanso. Desde la consolidación de la memoria de corto plazo hasta la regulación del apetito se definen mientras estamos en los brazos de Morfeo.

Luego, si este período de pausa se reduce a menos de seis horas, toda esa actividad del cuerpo que funciona como un reloj suizo se desregula. Y las consecuencias se sienten inmediatamente después de despertar de ese sueño breve.

"Las horas menos de sueño las pagamos al día siguiente, con consecuencias a nivel cerebral, respecto de todas nuestras capacidades de pensamiento, hasta diversas alteraciones hormonales", explica el doctor Leonardo Serra, neurólogo del Centro del Sueño de la Clínica Alemana.

Un estudio de la Universidad de Surrey, publicado en la última edición de la Revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), determinó que la expresión de 711 genes se ve alterada cuando una persona duerme menos de seis horas diarias. "Ya estudios anteriores a ese habían demostrado las consecuencias negativas de dormir menos de seis horas durante sólo una noche, con alteraciones hormonales que producen un aumento en la presión arterial y dificultades en el control metabólico del azúcar", agrega el especialista.

Dormir y obesidad

Mientras dormimos el cuerpo no para. En ese período es cuando la Hipófisis libera la hormona del crecimiento, muy importante en la infancia para ganar altura y en la adultez, porque aumenta el consumo de grasa corporal y estimula el sistema inmune, entre otras funciones.

Es también cuando se liberan las hormonas fundamentales para la reproducción humana (gonadotropinas), la hormona estimulante de la tiroides, así como la renina, una proteína que regula la presión sanguínea.

A eso se agrega que mientras se duerme es cuando lo aprendido durante el día se fija en la memoria. Un estudio de científicos del Instituto de Psicología Médica y Neurobiología de la Universidad de Tübingen, en Alemania, determinó que durante el sueño profundo, los niños tienen menos actividad de ondas cerebrales, lo que es clave para su capacidad de aprender, pensar y recordar. De hecho, según el estudio los más chicos necesitan períodos más extensos de ese sueño profundo, porque tienen más experiencias y conocimientos que fijar en su cerebro.

A todo lo anterior, se agrega una función que ha sido objeto de muchos estudios en el último tiempo: la secreción de las hormonas que controlan la saciedad y el apetito (leptina y grelina,) durante el sueño. El interés por esta relación surge porque podría ayudar a entender una de las causas de la epidemia de sobrepeso y obesidad que afecta al planeta.

Cuando se duerme poco, el organismo se muestra resistente a la leptina, por lo que se da la señal de que se debe producir más de esa hormona. Ese mensaje activa también la orden de almacenar más grasa en el cuerpo, un antiguo "truco" del organismo para resistir los períodos de escasez de alimentos, que eran frecuentes en el pasado. Y si a eso se suma que también aumenta la secreción de grelina, se tiene a un individuo que consume alimentos más calóricos y al organismo guardando más de esa energía como grasa.

El doctor Patricio Peirano, jefe del Laboratorio del Sueño del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), de la Universidad de Chile, está terminando junto a su equipo un estudio para determinar los efectos del poco o mal sueño en diversas funciones del organismo, entre ellas la producción de esas hormonas.

"Hemos visto que al día siguiente, quienes han tenido un sueño fragmentado comen sin tener apetito. Ellos se toman un desayuno que, según dicen, los deja satisfechos. Pero si a los 20 minutos se les vuelve a ofrecer alimentos, los aceptan, aunque no sientan necesidad de hacerlo", explica el doctor Patricio Peirano, cuya investigación no se basa en autorreportes de los pacientes, sino en la obtención de indicadores objetivos.

Lo que el equipo del INTA ha visto en su investigación es que la falta de sueño produce alteraciones en una serie de marcados bioquímicos (relacionados con la regulación del azúcar en la sangre), así como respuestas inflamatorias. "De esta manera el organismo queda mucho más vulnerable, al no poder regular adecuadamente procesos y funciones muy relevantes para él", agrega.

Recuperación posible

El tiempo que puede durar la alteración de los procesos del organismo es variable. "Depende del estado basal de la personas; es decir, si es sana o si tiene enfermedades crónicas. Además, algunas funciones demoran más que otras en alterarse y también en recuperarse", explica el doctor Peirano.

A eso, añade, se deben sumar las rutinas de quienes suelen quitarle horas al sueño: "Los adolescentes se están recuperando del carrete cuando vuelven a irse de fiesta. Entonces, su organismo nunca termina de recuperarse. Lo mismo le pasa a quienes trabajan en turnos", afirma.

Para alguien que durante mucho tiempo estuvo durmiendo poco y quiere retomar un hábito de sueño normal, hay esperanzas. "Todo depende de la causa por la que comenzó a dormir menos. Si fue por trabajo o por una exigencia puede volver atrás. Pero cuando se asocia a enfermedades del sueño es un poco más difícil y va a necesitar apoyo", complementa el doctor Leonardo Serra.

En cualquier caso, agrega el especialista, "el organismo es bastante resiliente y en general las capacidades para volver a un sueño normal están ahí".

Solo hay que despertarlas.

Cuando seduerme poco, el organismo se muestra resistente a la leptina, por lo que se da la señal de que se debe producir más de esa hormona. Ese mensaje activa también la orden de almacenar más grasa en el cuerpo. Trabajo de noche

Quienes trabajan haciendo turnos de noche sufren las mismas consecuencias que quienes duermen poco y mal, explica el doctor Leonardo Serra.

"A ellos se les desregula el reloj biológico (ciclo vigilia-sueño), y eso potencia las consecuencias de la falta de sueño", agrega.

En algunos países, dice el especialista, se ha considerado que el trabajo en turnos puede significar "un mayor riesgo de cáncer", porque en la medida en que no se cumplen las funciones de reparación que se ponen en marcha mientras se duerme, "no hay cómo evitar mutaciones y fallas en la división celular que predisponen al cáncer", explica el médico, quien advierte, sin embargo, que la asociación entre cáncer y trabajo nocturno aún genera mucho debate.


Fuente: EL MERCURIO
Fecha: 13-03-2013

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